Perikles sin Perikles

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Perikles es un juego que me llamaba poderosamente la atención, como la mayoría de juegos con componente histórico, ya que se diferenciaba de otros al tener dos fases diferenciadas: la política y la militar, sin llegar a ser un wargame. Hace poco tuve oportunidad de jugarlo con mis compañeros habituales de timbas lúdicas, en la bonita ciudad de Barcelona, ciudad condal, cosmopolita y carisísima, en la que últimamente vivir es semejante a estar metido en un cuadro pintado con la técnica del sfumato. Pero no nos desviemos del tema y vayamos sin más dilatación, como diría un amigo, a Atenas, Esparta, Corinto y las demás polis griegas, que tan filosóficamente se daban de hostias en el bucólico mundo de la Grecia clásica.

El juego de Perikles toma el nombre del genial orador ateniense para ofrecernos un juego a caballo entre la mecánica de mayorías y la suerte de los dados. Reconozco que el azar en los juegos no me disgusta, pero el uso de dados para resolver combates mirando una tabla no me acaba de convencer, y ésta es la parte del juego que no me gusta y que hace desmerecer al juego en su conjunto, lástima porque la fase política es mucho más divertida y cabezona, obligándote a pensar en todo momento qué polis griega te interesa acaudillar y a qué rival deseas dejarlo sin posibilidades de defensa.

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Explicaré a grandes rasgos la mecánica del juego, comenzando por la fase política. Empezamos la partida sin influencias en ninguna polis, ni ejército ni nada de nada, somos unos mindundis en forma de cubos de colores. Entonces tendremos que robar losetas de villa y de influencia para poder colocar nuestros cubos en la polis que más nos interese, o bien asesinar cubos de los demás, o proponer candidatos a caudillo, así hasta que todos los jugadores hayan escogido las losetas del turno. Después se propondrán candidatos a liderar las polis, cosa que nos interesará si tenemos la mayoría de cubitos en alguna de ellas, y automáticamente el candidato ganador se llevará el ejército destacado correspondiente a la polis que lidere.

Esto es importante, ya que nos interesará dominar a Atenas y Esparta para conseguir sus mejores ejércitos, pero en ocasiones nos interesará gobernar en Corinto o Mégara para poder atacar a unas Atenas y Esparta desprotegidas al lanzarse al ataque de otras polis, e incluso nos puede interesar no ganar ninguna polis y dominar así al ejército persa acantonado y que puede atacar a cualquiera que se le cruce en el camino. Pero vamos, la moraleja es dominar cuantas más polis mejor para conseguir ser el caudillo y controlar así el mayor número de ejércitos.

Una vez que la fase política termina, comienza la fase  militar. Al principio también resulta muy interesante por la posibilidad de alianzas con los otros jugadores. Se deberán desplegar, boca abajo, las fichas de ejército en tu poder al lado de la villa griega que quieras atacar, o defender, atendiendo a unas reglas básicas muy puñeteras:
– No se puede atacar una villa en la que tú eres el caudillo.
– Si quieres ser defensor de una villa que no es la tuya, debes pedir permiso a su caudillo.
– Si quieres atacar como aliado, debes pedir permiso al atacante.
– Una vez que atacas una villa controlada por una ciudad, estás en guerra con esa “polis” por lo que no podrás aliarte con
ella (ni para ataque ni para defensa) en su lado para atacar otra villa distinta.
– Si se acaudillas más de 1 ciudad, NO se puede controlar fuerzas a ambos lados de una loseta.

Una vez que los jugadores han colocado a su elección sus ejércitos al lado de las villas que quieren atacar o defender comienza el combate, que para mí es la parte más floja del juego, donde se tienen que tirar un par de dados y mirar el resultado en la tabla. Resumiendo: se gana o se pierde en gran medida gracias al azar. Una vez que todos los combates finalizan se reparten las villas subyugadas a sus respectivos caudillos y se eliminan los ejércitos derrotados. Se llevan los ejércitos que han sobrevivido de nuevo a las polis y se erige una estatua en honor al caudillo, cosa que no es baladí y que te sube el ego una barbaridad. Es importante señalar que tanto las estatuas como las villas ganadas dan puntos al final de la partida, así que siempre compensará dominar las polis, siendo la tarea de dominación del ejército persa una estrategia candidata al fracaso.

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Mi valoración final es que se trata de un juego muy interesante en su fase política, pero un tanto soporífero en su fase militar, por lo que no puedo recomendarlo a jugadores ocasionales a pesar del azar de los dados. Y tampoco se puede recomendar a jugones de los eurogames precisamente por el azar de los mismos dados. Es un juego que se ha quedado a medio camino entre dos mecánicas y que no termina de convencer, a pesar de su complejidad. Al final parece que le falta algo. No sé explicar exactamente el qué, pero creo que Martin Wallace no ha acertado con la tabla de combates, ni con el ejército persa, ni con las fichas iniciales a cada jugador. Creo que en su momento hizo un filler y a partir de ahí lo fue hinchando sin comprender que el juego no daba para más, que con la política hubiera bastado, o por lo menos, tendría que haber visto que la parte militar no era divertida.

Me gusta: la parte política del juego, donde los caudillos ganan el favor de los ejércitos y posteriormente se erigen estatuas en su honor.

No me gusta: tirar dos dados y mirar una tabla de resultado, aún cuando tengas un montón de fichas de ejército… ¿dónde está la estrategia?

Mi nota: directamente no se lo recomiendo a los “casuals”, y le pondría un 6 para los jugones de toda la vida.

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4 comentarios en “Perikles sin Perikles

  1. Muy buena reseña. Para agregar todos los puntos de vista sobre el juego diré que “Perikles” es uno de mis preferidos, y justamente la forma de resolución de los combates la considero una de sus mayores virtudes, pues no se usa un mismo valor para cualquier tipo de encuentro, sino que hay una tabla que favorece a quien tiene superioridad militar en el mismo.

    De esta forma, en lo personal, con varias partidas a cuestas, prácticamente no he visto a alguien ganar contra pronóstico, salvo cuando la diferencia a favor haya sido ínfima, sea prácticmaente paritaria.

    De esta forma, se sabe que quien va con más fuerza a un encuentro lo terminará ganando y el recurso de un gane milagroso, como en la vida misma, está ahí, aunque estadísticamente podríamos decir que no existe.

    El punto del juego es saber en cuáles batallas entrar para tener oportunidad real de ganar, lo que paradójicamente lleva a afirmar que los ejércitos mayores, sea los de Esparta y Atenas, son los menos belicosos, pues normalmente tienen tanto qué defender que hacer sus propias campañas ofensivas resulta contraproducente.

    En fin, con una buena estrategia para saber dónde entrar y cuándo salir, como en el póquer, el sistema premia al buen jugador y no deja nada para el azar, o deja lo justo.

    Ampliamente recomendado como uno de los mejores Wallace, y quizás uno de los juegos con el sello Warfrog más fáciles de conseguir, por lo que habría que aprovechar…

  2. Está bastante bien (que diablos está muy bien), la reseña, y el blog. Un juego que me llama por Perikles, pero que no he probado por comentarios como el tuyo.
    Y podías haber aprovechado para hablar del legendario discurso fúnebre de Pericles.

    E insisto el blog, estupendo

  3. Yo estoy con Schoringer. Entiendo que te produjera esa impresión pero sigo pensando que está mucho más equilibrado y es meno azaroso de lo que pueda parecer. Además cometimos serios errores en el reparto de las losetas de votos. No digo que tenga que gustar si o si, porque es un juego discutible o peculiar por decir algo, pero no estoy de acuerdo en lo de puro azar. Deberías darle otra oportunidad…la fase política está mucho más ligada a la fase militar de lo que, quizá en una primera partida, pueda apreciarse. Lo hablamos después de otra partida en un tiempo.

    Saludos

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