13'99

Voy a tirarme a la piscina y a comenzar también a hablar sobre libros, ya que para mí la lectura continúa siendo la principal de mis ocupaciones lúdicas, que es de lo que trata mi web (originalmente mi web era el portfolio del estudio de diseño que quería formar pero, como ahora ando desencantado con el mundo del diseño, la aprovecho para otras cosas como, por ejemplo, hablar de juegos, libros, teatro o simplemente hablar por hablar).


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Y del desencanto del diseño y de sus vicios es uno de los temas que trata el libro del que voy a hablar, que está entre mis favoritos desde que cayó en mis manos. 13’99 es el título que le puso su autor, Frédéric Beigbeder, un brillante creativo publicitario que fue despedido fulminantemente en cuanto salió publicado éste texto: un libro único, lúcido, mordaz, y rabiosamente actual.

El oficio de engañar ha ido refinándose a lo largo de los tiempos hasta desembocar en la moderna industria de la publicidad, en la que trabajan directores de arte, creativos, diseñadores, fotógrafos y demás troupe que tienden a llamarse a sí mismos artistas. Si el arte significa venderse al mejor postor y prostituirse hasta la náusea, entonces los publicistas se encuentran entre los mejores artistas del mundo; y seguramente esto ya está sucediendo, ¿cómo sino explicarse lo de Bansky?

Si el anterior párrafo te ha parecido un poco corrosivo con respecto a la profesión de la publicidad, que sepas que en 13’99 todavía encontrarás más bilis, sólo que mucho mejor explicada, vomitada y lista para deglutir, para que cuando vuelvas a ver un anuncio en la tele, o contemples una valla publicitaria o una campaña en diversos medios, sepas qué clase de gente es la que ha “creado” la imagen que de una determinada empresa, partido político o fundación de cualquier pelaje.

Con una prosa un tanto perjudicada por los excesos, aunque sin llegar a los extremos de W. Burroughs (otro de mis autores fetiche), el autor nos va introduciendo en un mundo y unos personajes que, por cercanos, nos harán abrir los ojos y darnos cuenta del inmenso erial que se esconde tras las estéticas y moderneces del mundo del diseño actual. No hay un ápice de belleza real  tras el meticuloso trabajo que conlleva una campaña publicitaria, con esos artistas de los medios masivos, esos malabaristas de la imagen, esos mercenarios del verbo; capaces de crear tendencias que mueven a millones de personas en todo el mundo a poseer un determinado producto que no necesitan (¿hace falta que ponga ejemplos?), a generar corrientes de opinión, a cambiar la actitud de los jóvenes e incluso de toda una población, a engañar hasta retorcer la verdad de forma verdaderamente artística, a hacernos creer que somos más libres cuanto más compremos, a valorar algo por la estética (incluso a las personas), a cambiar a la humanidad para que se mueva según los designios de las empresas. Esto es diseño, publicidad y marketing. Esto es para lo que ha servido el arte y la informática según los valores actuales: para prostituir al por mayor a la máxima cantidad de personas posibles, encandiladas por una determinada estética. Tal como el flautista de Hamelin seducía a los niños con su música.

De acuerdo, tal vez haya exagerado un poco. Después de todo, yo soy diseñador gráfico, y me encanta maquetar libros y revistas, dibujar, hacer webs,  logos y todas esas cosas que te piden en Infojobs. Pero no entraré en el mundillo de las agencias de publicidad: nadie que haya trabajado en una vuelve a ser la misma persona. Es difícil sentirse a gusto consigo mismo si trabajas contínuamente como embellecedor de la mentira. Vale, es cierto que también se hacen trabajos muy creativos que no tienen porqué vender algo con lo que no estés de acuerdo, como unos carteles de jornadas de juegos de mesa, o el diseño de unos trípticos de un pequeño teatro, esas cosas son divertidas, refrescantes, plácidas, le hacen a uno sentirse a gusto con la profesión. Pero no son el tipo de clientes que se acercan a una agencia de publicidad.

beigbeder

Frédéric Beigbeder lo explica todo con detalle y sin saltarse las partes más oscuras, como la del binomio cocaína/inspiración, que tiende a convertirse en el binomio cocaína/todosevaalamierda, y que pocos creativos y gentes del artisteo mercantil van a admitir que conocen, ¿o acaso creéis que la inspiración la cogen de los árboles, o que les visitan las musas de 9 a 18 horas? La inspiración y la creatividad puede surgir durante un tiempo limitado, no más de unas horas. Luego está el oficio y la autocopia, y de ella viven la mayoría de músicos, pintores y fotógrafos;  entonces se dice que tienen un determinado estilo. Pero un creativo, como lo fue Frédéric Beigbeder, tiene que tener ideas nuevas cada día, y no solo eso, tiene que estar dispuesto a que se las pisoteen y tener más ideas aún. Tener ideas geniales 365 días al año, todos los años de su carrera. Ideas de las cuales sólo verán la luz el 1%, con la consiguiente frustración que eso conlleva; eso no lo puede soportar nadie si no es con un poco de ayuda.

En fin, concluyendo, que más que un comentario sobre el libro me ha salido un alegato contra la publicidad; la verdad es que en el libro vais a encontrar muchas más cosas. Hay una trama muy interesante entre el protagonista y una prostituta, con sus jefes, sus clientes y sus amigos, que es muy reveladora de la pobreza de espíritu a la que se puede llegar, no sólo por el hecho de estar continuamente frustrado y a disgusto consigo mismo, sino por la certeza de que todo va mal y va a ir a peor, aunque cuentes en un libro toda la porquería que te has tenido que tragar. Aunque los avises. Aunque lo sepas.

Un párrafo del libro

“Todo es provisional y todo se compra. El hombre es un producto como cualquier otro, con fecha de caducidad. Ésta es la razón por la cual he decidido jubilarme a los treinta y tres años. Dicen que es la edad ideal para resucitar.”

Lecturas relacionadas

  • “Un mundo feliz” de Aldous Huxley.
  • “1984” de George Orwell.
  • “Generación X” de Douglas Coupland

Para saber más

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2 comentarios en “13'99

  1. Por desgracia es fácil desencantarse de cualquier actividad profesional en la que te metas a fondo. Creo que en todas las profesiones sucede más o menos lo mismo: una minoría hacen las cosas bien y con ética, mientras que la mayoría están ahí por otras razones y se aprovechan de ello. Y sólo te das cuenta de ello cuando estás dentro, porque lo cierto es que la cosa funciona… pero claro, si todos trabajaran bien y con ética, funcionaría mucho mejor.

  2. Que interesante suena este libro, a mí me encanta leer pero desde “Un mundo sin fin” no ha caido en mis manos nada que merezca la pena.
    Esa frase “embellecedor de la mentira” es tremenda.. nunca habia visto así al publicista. Me gustaría hablaras de la publicidad subliminal.
    Un saludo

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