Igual soy un poco tiquis miquis

starfucks

Ocho de la tarde de un domingo de mayo; hace fresco pero se está bien en la calle. Buscando una terracita en pleno centro de Barcelona parece que sólo hay una mesa libre en un Starbucks Coffe, que como sabréis es una cadena de cafeterías americanas. De esas modernas que al entrar parece que estés en el puto New York, con su musiquita de jazz, sus cuadros a juego con los azulejos, sus camareras asépticas trilingües, que lo mismo te atienden en inglés, castellano o catalán, dependiendo de cómo les pidas el café.

Es la única ocasión en la que me dan ganas de ser un talibán repleto de explosivos e inmolarme, del asco que me da el lugar. Y me daría igual si arriba hay un harén de vírgenes esperándome o Gloria Fuertes con un sinfín de poemas para leerme durante la eternidad.

Pero vamos a ver, ¿por qué tengo que hacer diez minutos de cola para pedir un café? ¡Hacer cola para pedir un puto café, por dios! Claro, es porque así se ahorran un par de camareros, además de que mientras te impacientas en la cola puedes ver los brownies, los sándwiches (bueno, allá no los llaman sándwiches, ni siquiera bikinis, tienen un nombre raro pero es lo mismo: pan con jamón y queso); entonces te va entrando hambre y te pides un café y una puta madalena de chocolate por pura inercia. ¡Y por sólo cuatro euros con cincuenta!

Después, si por un casual encuentras una mesa libre y te puedes sentar sin mancharte con las mesas sucias (recordemos que no hay camareros, la mesas se limpian cuando se acaba la cola), es entonces cuando te das cuenta de que no hay azúcar ni cucharilla en tu café. ¡No señor! El puto azúcar y la puta cucharilla te la tienes que servir tu, porque con los cuatro euros y pico que has pagado ni siquiera te ponen el típico platito con su cucharilla y su azúcar; entonces tienes que volver a levantarte y buscarlo dentro de la cafetería.

Cuando ya estás tranquilo tomándote el café —porque toda esta historia viene porque sólo querías tomarte un café— entonces quieres ir al lavabo; ¡es normal, todo el mundo quiere ir a mear! Pues vale, te vas al lavabo del local y ¡oh sorpresa! La puerta está cerrada con llave, ¡claro, no vaya a ser que entres en un Starbucks sólo para mear! Trágate otra cola para pedir la llave a las chicas de la barra y ¡oh sorpresa de nuevo!, no es una llave lo que se precisa, es un código de seguridad, ¡como si el lavabo fuera una caja fuerte!

En fin, que si has leído hasta aquí, que sepas que el código para entrar en los lavabos del Starbucks Coffe de la plaza Universitat de Barcelona es el 2414. De nada.

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