Huelga, ¡general!

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Los sindicatos apolillados pretenden retrasar la impostergable huelga general al día 29 de septiembre —miércoles, laborable— cuando la reforma laboral se está discutiendo en junio y a todas luces va a salir por Decreto. ¿Qué perro amaestrado mordería la mano del que le da de comer?  ¿Qué presión puede ejercer una huelga a posteriori? ¡Ninguna! Además, con la neurosis psicótica de los trabajadores por perder el empleo —me incluyo— ya me dirán quién es el guapo que se atreve a salir a la calle a manifestarse dicho miércoles, tal vez se convierta en la huelga general menos secundada de la historia. Y si no, al tiempo.

Tal como están las cosas, para que acuda el mayor número de trabajadores y se convierta en un éxito total, la huelga tendría que hacerse o bien un domingo o bien en el mismo puesto de trabajo. Oigo risas al fondo, es normal, lo explicaré: en la mayoría de empresas de éste país está todo el mundo con la sensación de que mañana mismo se puede ver en la calle, ya que los empresarios están buscando cualquier excusa para deshacerse de sus empleados; además de que por asistir a una huelga muchos vamos a perder los “bonuses level” de asistencia anual (unos 300 euros aprox. en mi caso), que van la mar de bien para llegar a fin de mes. Y como yo, muchos otros, se lo van a pensar muy mucho, máxime cuando de aquí a septiembre poco se va a presionar al gobierno, pues la ley ya estará en la calle, así que ¿para qué?, la huelga tendría que hacerse hoy mismo para que realmente tuviera poder real de cambiar algo. Aunque también es verdad que de aquí a septiembre igual hay muchos más parados (finalizarán los contratos de verano) y entonces la huelga se convierte en un éxito inesperado, con cinco millones de parados reclamando sus derechos, junto a millares de sindicalistas subvencionados que gritarán a pleno pulmón con la boquita chiquitita.

La otra opción que digo es hacer la huelga en el trabajo, esto es, yendo todos a trabajar pero haciendo lo mínimo imprescindible —o nada— y no durante un día, sino hasta que se mejoren las condiciones laborales y contractuales de los españoles. ¿Una quimera? Puede ser, pero cuando a todos nos bajen los sueldos y nos puedan echar por cuatro duros, con menos paro, con la jubilación a los 67 y asfixiados por la hipoteca tal vez nos arrepintamos todos los trabajadores por no habernos puesto de acuerdo en algo, y entonces entendamos un poco más a los funcionarios (nótese como en todos los medios informativos se usa ésa palabra: funcionarios; ya que llamarlos trabajadores del sector público queda menos despectivo y encabrona menos a la gente, en cambio por funcionario uno se imagina a un infeliz tras una ventanilla que se marcha cuando te toca para ir a tomar un café). Como digo, si todos los trabajadores hiciéramos una huelga laboral real otro gallo nos cantaría, y entonces las empresas empezarían a valorar más positivamente al trabajador. Ah, ¡que iluso soy!

Escribo atropellado. Lo sé, es difícil seguirme el hilo, pero entendedme… ¡soy trabajador! Puedo perder mi empleo, puedo ver reducido mi sueldo mientras se encarecen mis gastos, puedo ver peligrar mis pequeños caprichos, incluso puedo verme desayunando en un comedor social en un par de años… y encima con la sensación de que tal vez la culpa sea mía, por haber vivido por encima de mis posibilidades. ¡Pido perdón a quien corresponda! Pero, ¿acaso hemos tenido opción? ¿Acaso nos ponían pegas para sacarnos una tarjeta de crédito, por ejemplo? ¿Acaso por comprar un cochazo a plazos con nuestro mísero sueldo? ¿Por tener una segunda vivienda en la playa? ¿Acaso no podíamos comprarnos pisos de 300.000 euros a 50 años? ¿Acaso el banco no nos prometía hipotecas y préstamos casi regalados? ¡Adiós, tiempos felices! ¡Hola, realidad!

Nos han enseñado a vivir en el estado del bienestar, nos han enseñado a creer que el dinero era fácil de conseguir —bastaba con ir al banco y pedirlo, contrato indefinido en mano—; hemos aprendido a vivir bien, a tener ciertos lujos, a disfrutar del tiempo libre, a viajar y gozar del sueño europeo. ¿Sabremos vivir con menos? ¿Renunciaremos al tipo de vida que nos han impuesto? ¿Asumiremos nuestra culpa por dejarnos engañar? Pero… ¿tenemos culpa de algo?

En fin, a mí lo que me preocupa es ¿a dónde se dirigirá nuestra ira? ¿Quién va a saber manejar el descontento de la gente y lo va a utilizar para sí mismo? ¿Qué tipo de líder surgirá para arreglarlo todo? Miedo me da.

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Un comentario en “Huelga, ¡general!

  1. Hola Xavi, yo me quedé sin trabajo hace 4 meses y va para largo y mi hermano hace 13 meses, yo mira tampoco es que me haya matado a buscar porque llevo media vida preparando oposiciones y ahora aprovecho para estudiar algo, pero mi hermano el hombre ha entregado unos 60 currículums y nada.
    Te digo sinceramente que la huelga me importa un pimiento, lo que me importa es ver un poco de luz entre tantas sombras y seré egoista pero yo no estoy para pensar en huelgas absurdas como esa, un abrazo!!

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