Vuvuzelas: glorioso invento

vuvuzela

Después de pasar un fin de semana algo triste por la muerte de Saramago, uno de escritores que más me gustan, quise ahogar mis penas en fútbol. Así que me dispuse a contemplar el partido de ayer de España (o como diría Camacho: ¡Epaña!), jugando su primera final en este mundial contra la todopoderosa selección de Honduras. Como no tengo Canal+ ni demás pijoterías televisivas me ví obligado a ver el encuentro a través de Telecinco, tu cadena amiga, y su caterva de hooligans que hacen el papel de comentaristas. Casi hecho de menos a Míchel en TVE1 y su lema: “ahora es cuando España no debe echarse atrás”.

Por una parte, me alegró que ganara España —¡Epaña! ¡Goool de Epaña! ¡Nos lo merecemos! ¡Tenemos mala suerte! ¡Si no fuera por este balón ya llevaríamos cinco goles lo menos! ¡Epaña!—, pero por otra, me hubiera gustado que perdiera, sólo para escuchar a estos tipos —Camacho, Maldini, J.J. Santos— despotricar contra árbitros y jugadores, y lamentarse por la derrota y poner a parir hasta a la mismísima Sara Carbonero, bellísima y florerísima a partes iguales. Pero si los comentarios de soberana estupidez y rancio patriotismo eran poca cosa, además hay que  sumarle el infierno vuvuzelano: miles de vuvuzelas —esas alargadas trompetillas con la que los surafricanos animan en los estadios— vomitando sus infernales, atronadores sonidos, ¡es que era para volverse loco!

Si el infierno tuviera banda sonora, tal vez las retransmisiones del mundial de Suráfrica de Telecinco serían la melodía dominante. Vuvuzelas+Camacho+Maldini+J.J. Santos deber ser el placer de cualquier sadomasoquista ótico. Pero, ¡podría haber sido peor! Los demás periodistas deportivos de éste país están a la altura de J.J. Santos, Camacho y compañía. Por ejemplo, en la Cuatro están Los Manolos (que son al periodismo deportivo lo que Jorge Javier Vázquez al periodismo serio); también tenemos a Manu Sánchez, de Antena 3, otro prodigio de objetividad y buen hacer; y ¿qué decir de las no-notícias de la Sexta y sus treinta minutos diarios de deportes? Y cuando digo deportes, digo fútbol y Real Madrid… como si en este país no se practicara más deporte que el fútbol ni hubiera más equipo que el Madrid.

Pero si además hay un periodista deportivo en éste país que goza de popularidad y prestigio y no se sabe bien ni porqué —yo no lo sé, pero reconozco que le tengo ojeriza, mire usted—, ese es Julio Maldonado “Maldini”, un hooligan como la copa de un pino capaz de cagarla cien veces en cada partido, en cada comentario —y después de comprobada la cagada, argumentar que en realidad él ya lo sabía, ¡vergonzante ventajista!— y escribir libros sobre fútbol con millares de datos irrelevantes que sólo le interesarían a un loco o a un necio como él. Datos que, además, se pueden conseguir fácilmente a poco que busques por internet. Pero qué previsible que es el gachó… estoy seguro de que ya tiene escritas las crónicas por si España gana y por si pierde, debe utilizar una plantilla y cambia los nombres y los equipos, ¡y a vivir! Ahora debe estar de turismo por Johannesburgo, conferenciando o mendigando alguna entrevista a los jugadores de Chile (¿nadie se da cuenta de que a Maldini casi nunca le conceden entrevistas?), o haciéndose el simpático con Sara Carbonero; casi lo visualizo.

Y estoy hablando de los periodistas “hooligans”, si me pongo a despotricar de los periodistas “talibanes” ya no puedo acabar el post. ¿Quién no ha visto alguna vez, entre gato y gato, el programa Punto Pelota? Donde el nivel y la calidad de los comentarios lo indican los decibelios que alcanzan los vozarrones de Tomás Roncero (creo que es del Madrid, no estoy seguro), el Loco Gatti (le mandó a una periodista a fregar los platos), Siro López (me parece que es del Madrid), etc.; y no son todos los que están, luego tenemos los periódicos deportivos (los dos de Barça y los dos del Madrid) donde hooligans y talibanes de los respectivos equipos nos deleitan con sus versículos escritos tanto como con sus homilías televisivas.

¿Y qué me importará a mí el fútbol? ¿Porqué me veo incapaz de resistirme a la tentación de encender la tele y ver a unos chavales de pasta correr tras un balón? Bueno… supongo que me gusta el fútbol, independientemente de que sea un circo mediático donde se mueven unas cantidades de dinero que podrían acabar con el hambre del continente donde se está celebrando el mundial. Me gusta ver las jugadas y los pases de Xavi, de Iniesta, los goles de Villa… en fin, que disfruto viendo buen fútbol —por eso soy del Barça— y supongo que me gustaría más si no nos taladraran a cada hora con noticias y no-noticias sobre el tema.

Es exagerado el despliegue informativo que se le da al fútbol, aunque sea un mundial, o una eurocopa, o lo que sea. Ya sé que no descubro nada nuevo y que esto es un pataleo gratis, pero creo que esto empieza a ser ya exagerado. El fútbol no debería ser la noticia del día, un fichaje no debería generar tanta expectación; este juego —porque esto es sólo un juego— no debería mover tal cantidad de pasta, pero aunque la moviera, no debería comerse la mitad de la duración de unos informativos.

Supongo que para los que no sean aficionados al deporte rey todo esto tiene que ser una tortura: fútbol en las noticias, partidos de fútbol en lugar de películas, especiales sobre el mundial en lugar de series, repetición de partidos, sesudos comentarios sobre las jugadas más polémicas, guapas presentadoras contándonos la última excentricidad de Cristiano Ronaldo, anuncios de TV donde salen los jugadores de la selección, te vas a comprar unos Kellogg’s y sale la jeta de Piqué, y así hasta la náusea, todos los días del resto de tu vida. ¡Esto es el planeta fútbol!

Pienso que la vida de los antiguos romanos no debería ser muy distinta: en su lugar había el circo. Se escucharían en el foro los sesudos comentarios de los ciudadanos acerca de si era mejor tal o cual gladiador, si la mordedura de los leones era superior a la de los tigres, si los cristianos morían mejor en grupo o en solitario… ya se sabe: pan y circo.  Lo que en la antigua Roma era circo, hoy es fútbol, al menos en Europa; en EE.UU tienen la NBA y la SuperBowl, que viene a ser lo mismo: tener a la gente muy atenta a estas superficialidades e idiotizar al por mayor.

En fin, por eso digo que el mejor invento del mundial es la vuvuzela, que dotada con un sonido infernal capaz de romper tímpanos y volver loco a quien la escucha, sintetiza y representa fielmente el espíritu de la más absoluta estupidez: el que no tiene nada animando sin descanso a quienes lo tienen todo, multiplicado por cientos de miles y retransmitido a todo el mundo. De forma ruidosa, gigantesca, mundial, absurda. Sobretodo, absurda. Alguien tiene que estar muy satisfecho.

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3 comentarios en “Vuvuzelas: glorioso invento

  1. Ey qué buen post y cuánta razón llevas, desde lo torturador que debe ser el fútbol para quien no le gusta hasta lo incongruente de los africanos animando en los partidos cuando su vida es tristemente miserable.
    Yo no me siento identificada para nada con la selección pero viendo a Villa, por primera vez ayer quise que ganara España porque yo voy con Argentina, y en una final España-Argentina ufff no sé, sería un dilema, por un lado medio barça y por el otro messi y ese entrenador, ahh por cierto saqué hoy ébano, ya te diré qué tal, espero que no sea muy duro aunque me da que sí, un saludo.

    • Pues sí, es asfixiante encender la tele porque a cualquier hora te están poniendo fútbol o marujeo, en fin ¡lo que le mola al país!

      Espero que te guste Ébano, es uno de los libros que más me impactaron en su momento, dicen que el autor se inventó algunas cosas, que literaturizó en exceso algunos capítulos, pero yo creo que captó la esencia y la tragedia del continente africano como nadie.

      Por cierto, continuando con mi artículo, decir que si Telecinco ha apostado por Sara Carbonero como guapa oficial para el mundial es sólo por el morbo que suscita que sea la novia de Íker Casillas; porque de toda la vida la guapa oficial ha sido Mireia Canalda (que le da mil vueltas a la Carbonero), pero ya no tiene morbo —periodístico, el otro “morbo” es evidente— y por tanto vende menos exclusivas y es más difícil llevarla a la Noria.

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