Esto no es fetichismo político

Miss Wasilla 1984
Tengo por Sarah Palin una debilidad, como diría Machín en su bolero: “Tengo una debilidad/hay que calamidad/mi vida es un disgusto”; esta mujerona representa la estulticia máxima a la que puede llegar un ser humano, pero eso sí, servida en un lujoso envoltorio. Ignoro si tendrá verdadera maldad en el cuerpo, o si como yo sospecho es una feliz y ambiciosa ignorante, pero el caso es que esta ex-miss Alaska quiere presentarse a las elecciones de Estados Unidos…o por lo menos, lo está sopesando; yo desde aquí la animo a que lo haga, ¡ánimo Sarah, eres la mejor!

Después de comprobar como Obama ha engañado a sus votantes con el tema de Guantánamo -por ejemplo- creo que ha llegado la hora de votar a los políticos que dicen la verdad, aunque no nos guste lo que dicen ¡Basta ya de escuchar los cantos de sirena de los políticos de izquierdas que después no cumplen con sus promesas! En España sabemos mucho de ello, tenemos como presidente a un inútil cuya única cualidad es ser el mal menor. Los políticos saben lo que queremos, nos lo dicen con verdadera pasión, para después reírse de nosotros sin compasión. Obama y Zapatero son esa conjunción interplanetaria de la que hablaba Leire Pajín, pero no del resurgir del progresismo, sino del engaño a las masas. ¡Pero mirad, mirad sus sonrisas!

No hay que olvidar el aspecto físico. Obama y Zapatero son físicamente aceptables, quedan razonablemente bien en las fotos y saben sonreír a la cámara y mostrarse fuertes en sus discursos. Todo ello es retórica vacía y naderías estilísticas, de acuerdo, pero al populacho le basta. Axioma del siglo XXI: un político atractivo ganará más votos que uno feo, sobretodo en la sociedad actual, donde prima el aspecto físico por encima del intelectual en la mayoría de los trabajos que requieren comunicación directa con el cliente.

Yo mismo me compré una Nespresso porque la chica que la vendía en el Mediamarkt estaba como un tren. ¿Cómo no me voy a dejar llevar, por tanto, por un político sexualmente atractivo? En mi caso tendría que ser un político-hembra, y ahora mismo no hay nadie en España que me excite más la glándula pineal que la señora Dolores de Cospedal. Es verla en la tele, escuchar su verborrea y empezar a imaginarme cosas muy raras. ¿Acaso nadie a imaginado a la Cospedal vestida a lo Betty Page, cuando iba de dominatrix, gritándonos consignas ultraliberales? ¿No? Estaré enfermo entonces, pero ya me diréis cómo es que hay una Dolores de Cospedal, una Leire Pajín o una Soraya Sáez de Santamaría en las primeras filas de sus respectivos partidos políticos. No dudo que estén preparadas, como lo está Sara Carbonero, pero no lo estarán más que otras compañeras de partido eróticamente nulas que a buen seguro abundarán en las segundas y terceras filas, preparando discursos a los presidenciables.

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Rompo una lanza a favor de los políticos atractivos, porque si nos la han de meter “doblá”, por lo menos que sea con la mejor de sus sonrisas. A mí Aznar me caía fatal, pero Zapatero está haciendo lo mismo y me cae mucho mejor ¡por su sonrisa y su talante! De Sarah Palin me da repelús todo lo que sale de su boca, pero ¡qué bien le quedan las gafas! ¡Su sonrisa es como el sol de la mañana! De Dolores de Cospedal ¿qué puedo decir? ¿qué hombre no se siente brutalmente atraído por una mujer técnicamente perfecta? ¿Y qué decir de Ángeles González-Sinde? ¡Quién no habrá suspirado ante su mirada lánguida, de princesa de cuento desvalida! Y de la Pajín no seré el primero en admirar su aspecto, otros con más poder lo han hecho antes. Aborrezco al escritor Fernández Dragó por su preferencia por las más jóvenes, donde haya una mujer experimentada que se quiten las demás.

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Y ahora, después de este último párrafo machista -recordemos que según las consignas ultraliberales toda palabra escrita es literatura, no opinión- hablaré un poco más en serio; es perfectamente lógico que las cabezas pensantes de los partidos pongan a los más atractivos de entre sus filas para hablar en público, porque es la mejor forma de asegurarse unos cuantos votos. Nuestra sociedad es visual y prefiere lo bello a la vista, lo aceptable -aquí los antiguos filósofos tendrían mucho que decir-, así que no tenemos que asombrarnos de cómo va el mundo; nos gobiernan sonrisas andantes elegidas democráticamente. No hay tanta diferencia entre Kennedy y Cicciolina. Así que adelante, Sarah Palin, muéstranos de lo que eres capaz, e ilumina con tu luz a los ultraliberales del mundo: nos merecemos que nos gobernéis.

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